Las noches eran lo peor. Jimmy se levantaba de noche, sudando y sin saber exactamente qué había pasado. Seis meses después, aún se sentía extraño mirando aquel techo, ese mismo al que miró durante toda su infancia, ese mismo techo al que rezó tantas veces por él y sus seres queridos.
No, aquel ya no era su techo. Su techo era el cielo oscuro, iluminado por las bengalas nocturnas y los fogonazos.
Su madre lo miraba disimuladamente durante las comidas, y Jimmy podía ver en sus ojos el terror. Ese terror que invade a una madre al saber que su hijo ya no es ese niño al que ha criado.
Aquel ya no era su techo. Ni su casa. Ni su madre.
Se había convertido en un extranjero en su propio hogar.
Continuará...
No, aquel ya no era su techo. Su techo era el cielo oscuro, iluminado por las bengalas nocturnas y los fogonazos.
Su madre lo miraba disimuladamente durante las comidas, y Jimmy podía ver en sus ojos el terror. Ese terror que invade a una madre al saber que su hijo ya no es ese niño al que ha criado.
Aquel ya no era su techo. Ni su casa. Ni su madre.
Se había convertido en un extranjero en su propio hogar.
Continuará...
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